A pesar de que existe un reconocimiento generalizado de las causas sociales, la atención clínica continúa centrada en el diagnóstico individual.
Por Laura López-Aybar, PhD, disponible en inglés en Mad in America.
Nueva investigación revela que el trauma, la pobreza, la discriminación y la inestabilidad en la vivienda tienen un impacto más profundo en la salud mental de lo que reconocen los modelos clínicos. Sin embargo, les profesionales de la salud mental siguen sin contar con las herramientas necesarias para responder.
Una revisión de alcance (scoping review) publicada recientemente en Translational Psychiatry ofrece un análisis contundente de cómo los determinantes sociales de la salud mental (DSSM) siguen siendo marginados en la práctica clínica. El artículo, escrito por un grupo de psiquiatres y psicologues reconocides, revisa la literatura sobre cómo estas fuerzas sociales moldean los resultados en salud mental y propone nuevas guías para integrar este conocimiento en la atención.
A pesar de décadas de evidencia que vincula factores sociales y estructurales —como la pobreza, el trauma y el racismo— con el malestar emocional, les autores encuentran que hay una falta de capacitación, guías e infraestructura institucional para apoyar intervenciones que atiendan estas causas de raíz.
“Un sistema de salud debe comenzar por identificar los DSSM que aplican ampliamente en la(s) comunidad(es) que sirve. Luego, un grupo de trabajo comunitario debe determinar qué intervenciones para abordar los DSSM son viables a nivel local o regional. Finalmente, al evaluar a una persona, el o la clínica debe determinar qué DSSM específicos son potencialmente modificables y son de particular preocupación para la persona paciente, en base a su aportación y la de su familia”, escriben les autores.

El estudio evaluó literatura y analizó investigaciones previas sobre cómo los determinantes sociales de la salud mental afectan a personas con diagnósticos psiquiátricos asignados. Los estudios evaluados se centraron principalmente en Estados Unidos, aunque también incluyeron investigaciones de otros países. Se observaron factores específicos como necesidades no satisfechas, estigma internalizado, inseguridad alimentaria, inseguridad de vivienda y discriminación social. También se evaluaron los beneficios y estrategias de distintas intervenciones, incluyendo prescripción social, manejo de casos, atención informada en trauma y apoyo para el empleo.
Les investigadores hallaron que los determinantes sociales de la salud mental tienen un impacto significativo en el bienestar psicológico, a menudo más fuerte que otros factores médicos. Sin embargo, identificaron una ausencia de guías estandarizadas para abordar los DSSM en entornos clínicos. La capacitación en este campo es mínima o inexistente. Además, detectaron debilidades en la práctica clínica debido a su énfasis excesivo en el diagnóstico y sus vínculos débiles con los servicios sociales. Otros obstáculos estructurales incluyen las limitaciones financieras en la atención médica y en la financiación de la investigación.
La revisión exploró formas propuestas de abordar y evaluar los DSSM a nivel individual, comunitario y familiar. Menciona la implementación de herramientas de evaluación, la colaboración con organizaciones comunitarias y la integración de intervenciones específicamente dirigidas a los DSSM durante el tratamiento clínico.
Los hallazgos subrayan la necesidad de que les proveedores de salud mental asuman responsabilidad y apoyen a las personas que experimentan malestar emocional para reducir los efectos adversos de los DSSM en sus vidas. También remarcan la urgencia de desarrollar e implementar métodos efectivos para evaluar y abordar los DSSM. Les proveedores de servicios de salud mental deben adoptar un enfoque colectivo y proactivo, comprometiéndose a trabajar para reducir estos determinantes en sus comunidades. Les autores proponen intervenciones prácticas y comunitarias como el apoyo para el empleo y la prescripción social.
La prescripción social se ha presentado como una estrategia efectiva para mitigar el impacto de los determinantes sociales de la salud. Incluye referir a personas a clases de arte, actividades físicas u otras alternativas comunitarias a la terapia y la medicación, que les ayuden a conectar con otres, construir comunidad, aumentar la autoestima y reducir el malestar emocional. Personas con experiencia vivida y algunes investigadores han abogado por un cambio hacia programas comunitarios, al igual que la OMS y la ONU. Les autores concluyen:
“Es responsabilidad clínica, médica y ética de les proveedores de salud mental garantizar que las personas a quienes sirven reciban la mejor atención posible, y esto debe incluir abordar los DSSM que han demostrado tener un impacto significativo en la salud y el bienestar de las personas con diagnósticos de salud mental.”
Investigaciones previas han demostrado el impacto de determinados DSSM en las personas. Se ha evidenciado que la pobreza energética, la deuda médica y la inseguridad alimentaria incrementan el malestar emocional. En general, el capitalismo global —principal marco económico del mundo— se ha vinculado con un aumento de dicho malestar.
También se ha vinculado el riesgo de psicosis con factores a nivel vecindario, incluyendo la densidad étnica, el racismo estructural y la exclusión social. Otro estudio relacionó la psicosis con la pobreza, la inestabilidad laboral y de vivienda, y el racismo. Las investigaciones han encontrado que, debido a las desigualdades asociadas con la psicosis, esta no puede separarse del racismo estructural y la desigualdad social.
Psicologues crítiques han advertido sobre cómo se está abordando la práctica de atender los determinantes sociales de la salud, ya que muchas veces se individualizan problemas que requieren atenderse a nivel social y estructural. Algunes psiquiatres crítiques han señalado que esto sucede por la disyuntiva percibida entre recetar medicación y hospitalizar, versus hacerse cargo de los problemas socioestructurales.
En un estudio previo, se encontró que proveedores de salud mental con posturas autoritarias de derecha tendían a ignorar las necesidades de la persona hipotética que les era referida para tratamiento. De forma similar, quienes respaldan posturas autoritarias de derecha son menos propenses a reconocer el impacto de los determinantes sociales de la salud en la salud mental de las personas.
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Jeste, D. V., Smith, J., Lewis-Fernández, R., et al. (2025). Addressing social determinants of health in individuals with mental disorders in clinical practice: Review and recommendations. Translational Psychiatry, 15, 120. https://doi.org/10.1038/s41398-025-03332-4 (Link)

Laura López-Aybar es una sobreviviente de violencia psiquiátrica, intrafamiliar y de género. Posee un doctorado en psicología clínica de Adelphi University en Nueva York y hace investigación multi métodos en determinantes sociales de la salud emocional, primordialmente estigma, discriminación, violencia de género y cambio climático. Aboga abiertamente por experiencia personal y empírica por la abolición y reforma de los sistemas carcelarios, incluyendo el sistema de salud mental desde la práctica de la psicología crítica. Pueden encontrar más de su trabajo en su página de Instagram @aybarpsicologiacritica.