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Por Qué la Coerción en la Psiquiatría Nunca Puede Promover la Sanación

Por Luuk Westerhof para Mad in Norway.

La coerción agrava los traumas, dificulta la regulación emocional y daña la relación entre paciente y terapeuta. Un sistema de salud digno y que promueva el bienestar debe basarse en el diálogo abierto, opciones sin medicación y prácticas informadas por el trauma.

Estudios recientes de Noruega, Suecia y Dinamarca muestran que la coerción en la atención de salud mental con frecuencia conduce a la retraumatización, al aumento de síntomas y a un deterioro en el funcionamiento social. En lugar de estabilizar al paciente, se intensifican la inseguridad y el estrés (Brænden et al., 2024; Eriksson et al., 2023). La investigación demuestra que el cerebro reacciona a la coerción activando el sistema de respuesta al estrés, lo que inhibe la corteza prefrontal y empeora la regulación emocional (Bentsen et al., 2023; Teicher et al., 2016).

La teoría polivagal de Porges y la neurobiología relacional de Siegel muestran que la sanación ocurre en relaciones seguras, no en entornos coercitivos que desencadenan la respuesta de “lucha-huida-parálisis” o el retraimiento social. Cuando el paciente es recibido con empatía y validación, se activa la capacidad del cerebro para aprender, integrar y establecer vínculos (Porges, 2011; Siegel, 2012).

Cambios legislativos en Noruega y desafíos en derechos humanos

La Ley de Salud Mental de Noruega se revisará en 2025 e introducirá el concepto de “capacidad de decisión” en lugar de “capacidad para otorgar consentimiento”. Esto otorga mayor poder discrecional al personal de salud para declarar a un paciente como incompetente, incluso si la persona expresa claramente sus preferencias (Holmøy & Syse, 2025). Al mismo tiempo, se legaliza el uso de terapia electroconvulsiva (TEC) como medida coercitiva —una intervención biológica seria con efectos a largo plazo aún no aclarados (Møller et al., 2024).

Estos cambios contravienen la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) de la ONU, que prohíbe la privación de libertad basada en una discapacidad psicosocial. La CDPD recomienda en su lugar el apoyo en la toma de decisiones y el respeto a la autonomía del paciente, incluso cuando se trata de decisiones poco convencionales (Comité de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, 2019).

¿Qué funciona mejor que la coerción?

Modelos como el Diálogo Abierto (Seikkula et al., 2011), las ofertas de tratamiento sin medicamentos y las prácticas informadas por el trauma han demostrado mejores resultados que la psiquiatría coercitiva tradicional. Estos enfoques se basan en el diálogo, la voluntariedad y el reconocimiento de las experiencias del paciente. Activan mecanismos neurobiológicos de seguridad y autorregulación y fortalecen la relación entre paciente y profesional (Larsen et al., 2022; Helse Bergen, 2023).

Para que estos enfoques tengan éxito se requiere tiempo, competencia relacional y colaboración interdisciplinaria. Pero los resultados muestran una mejor calidad de vida, menos recaídas y una reducción en la necesidad de hospitalizaciones de emergencia (Boe et al., 2021).

La coerción en la psiquiatría daña a las personas, debilita las garantías legales y contradice la comprensión moderna de la salud mental. Las investigaciones neurobiológicas, las experiencias de pacientes y los derechos humanos apuntan en la misma dirección: la sanación no ocurre bajo coerción, sino en un entorno de seguridad, respeto y relación. Noruega debe revertir esta tendencia y apostar por alternativas basadas en la confianza y el conocimiento interdisciplinario. No es solo una responsabilidad profesional: es un deber ético.

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