En un nuevo reportaje investigativo del Centro de Periodismo Investigativo, Amanda Pérez Pintado escribe sobre el trato inhumano de las personas experimentando malestar emocional en las cárceles de Puerto Rico.
El reportaje comienza con la historia de “Juan” quien estuvo ocho años encarcelado conviviendo con malestar emocional severo y el cual se deterioraba cada día en la carcel. En la carcel, su interacción con proveedores de servicios de salud mental fue muy limitado, con solo evaluaciones iniciales, recetas automáticas y ningún seguimiento. El ambiente carcelario exacerbaba su malestar emocional debido al encierro, ruido y la falta de descanso en estos lugares. También, contó de otras personas que para poder recibir tratamiento y apoyo, recurrían a medidas extremas como autoagredirse.
En Puerto Rico, el 70% de la población de personas encarceladas presenta necesidades relacionadas a malestar emocional. Mientras tanto, hay una falta enorme de personal y facilidades para atenderles. La carga de trabajo para el personal disponible, también presenta un reto en cuanto a la calidad de servicio que se puede brindar dentro de las capacidades, y las condiciones laborales.
Mientras tanto, reporta que aunque el gobierno asignó fondos para un hospital psiquiátrico correcional, no han definido el presupuesto o personal asignado a este. Igualmente, en los ya existentes, hay discrepancia en los datos y se desconoce sobre la calidad de servicios que ofrecen.
Es importante atender esta necesidad ya que entre mayo 2017 y mayo 2024, 30 personas encarceladas murieron por suicidio en las carceles de Puerto Rico. Muches de elles, llegan a la carcel con historiales de trauma, abuso, pobreza y falta de acceso a apoyos esenciales. Para las mujeres esto es altamente prevalente, incluyendo también historiales de uso de sustancias e historiales de inestabilidad emocional previa a su encarcelamiento en el sistema penal. Por último, señalan estudios internacionales que han demostrado que la condición de encarcelamiento provoca y exacerba el malestar emocional, y puede llevar a institucionalización crónica en vez de procesos restaurativos.
