Escrito por Richard Sears y originalmente publicado en inglés en Mad in America.
Un nuevo estudio publicado en el Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing encuentra que la inseguridad alimentaria está relacionada con enfermedades mentales graves (EMG).
La investigación, dirigida por Jo Smith de la Universidad de Teesside en el Reino Unido, informa que el 41% de los adultos diagnosticados con EMG experimentan inseguridad alimentaria (acceso limitado o incierto a alimentos seguros y nutritivos). Esto hace que las personas con EMG tengan 3.31 veces más probabilidades de experimentar inseguridad alimentaria en comparación con aquellas sin EMG. Además de esta relación, también hay evidencia de que la inseguridad alimentaria puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de EMG.
Les autores escriben:
“Esta revisión encontró que la estimación de prevalencia de inseguridad alimentaria en adultos con EMG que viven en países de ingresos altos o medianos-altos es del 41% en comparación con el 17% en personas sin EMG. Además, los adultos con EMG tenían 3.31 veces más probabilidades de experimentar inseguridad alimentaria que los comparadores sin EMG.”
La evidencia que sugiere que la inseguridad alimentaria es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades mentales graves desafía el argumento tradicional de que la EMG lleva inherentemente a la disfunción y luego a problemas sociales, invirtiendo la dirección causal. Demuestra que determinantes sociales, como el estrés y la privación causados por la inseguridad alimentaria, pueden preceder y contribuir a la aparición de la EMG. Esto cuestiona el modelo biomédico, que enfatiza la EMG como una patología interna que conduce a la disfunción social, y en su lugar, señala problemas sistémicos externos como la inseguridad alimentaria como causas fundamentales de los desafíos en salud mental. Este cambio subraya la necesidad de abordar las condiciones socioeconómicas como parte de las estrategias de prevención y tratamiento de la EMG.

El presente estudio examinó la relación entre la inseguridad alimentaria y las enfermedades mentales graves (EMG) en países de ingresos altos y medianos-altos. Los autores buscaron responder dos preguntas: ¿Cuál es la prevalencia de la inseguridad alimentaria en adultos con EMG en estos países? ¿Cuáles son las experiencias de inseguridad alimentaria en adultos con EMG que viven en estos países?
Para alcanzar este objetivo, les autores analizaron y extrajeron datos de investigaciones previas sobre EMG e inseguridad alimentaria. Consideraron los siguientes diagnósticos del ICD-10 como EMG: esquizofrenia, trastorno esquizotípico, trastornos delirantes, trastorno psicótico breve, trastorno psicótico compartido, trastornos esquizoafectivos, otros trastornos psicóticos, psicosis no especificada, episodio maníaco/trastorno maníaco depresivo, trastorno bipolar, episodio depresivo mayor, trastorno depresivo mayor y trastornos específicos de la personalidad.
Para ser incluidos en la revisión, los estudios debían examinar la relación entre EMG e inseguridad alimentaria en adultos de 18 años o más. Se excluyeron los estudios que involucraban a menores de 18 años, animales o adultos con diagnósticos distintos a EMG. También se descartaron revisiones, estudios no revisados por pares y aquellos con un alto riesgo de sesgo.
La revisión y metaanálisis incluyó 16 estudios. Trece de ellos fueron publicados en 2017 o después, incluyendo seis publicados en 2021 o más recientemente. La mayoría de los estudios provinieron de Estados Unidos (nueve de 16). Otros países representados en la revisión fueron Australia (tres estudios), Canadá (dos), Irán (uno) y Sudáfrica (uno).
Los 16 estudios incluyeron un total de 759,778 participantes. De estos, 147,217 habían sido diagnosticados con una enfermedad mental grave (EMG). Las edades de les participantes oscilaron entre los 18 y 80 años. El 41.5% eran hombres, el 47.6% mujeres, el 0.1% se identificó con otro género y el 10.7% no reportó género. La mayoría de les participantes eran blancos (58.7%). Otras etnias representadas en el estudio incluyeron hispanes/latines (12%), negres (9.5%), asiátiques/isleñes del Pacífico (4.2%), mexicanes-americanes (0.03%) y aborígenes/isleñes del estrecho de Torres (0.002%). El 11% de les participantes no reportó su etnicidad.
Los 16 estudios utilizaron cinco herramientas distintas para medir la inseguridad alimentaria: el Módulo de Encuesta de Seguridad Alimentaria para Adultos de EE. UU. (cuatro estudios), la Escala de Acceso a la Inseguridad Alimentaria del Hogar (tres estudios), un cribado de dos ítems para inseguridad alimentaria (dos estudios), el Módulo de Encuesta de Seguridad Alimentaria para Hogares de EE. UU. (un estudio) y el Instrumento de Inseguridad Alimentaria Radimer/Cornell (un estudio). Los cinco estudios restantes utilizaron herramientas no validadas para medir la inseguridad alimentaria.
Para evaluar la EMG, los estudios incluyeron diversas herramientas, entre ellas la Clasificación Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud (ICD-10) de la Organización Mundial de la Salud (cuatro estudios), la Entrevista Neuropsiquiátrica Internacional MINI (dos estudios), la Entrevista Diagnóstica Compuesta Internacional de la OMS (tres estudios), la versión abreviada de la Entrevista Diagnóstica Internacional para Psicosis de la OMS (un estudio), el Inventario de Depresión de Beck (un estudio), el Cuestionario de Salud del Paciente-2 (un estudio) y los expedientes médicos de los participantes (dos estudios). Dos estudios no informaron cómo se establecieron los diagnósticos de EMG.
De los 16 estudios incluidos, 13 reportaron tasas de prevalencia de inseguridad alimentaria en participantes con un diagnóstico de EMG. En conjunto, el 41% de los participantes con EMG reportaron inseguridad alimentaria. Seis estudios informaron las tasas de prevalencia de inseguridad alimentaria en participantes sin un diagnóstico de EMG, encontrando que el 17% reportó inseguridad alimentaria. En general, los participantes con EMG fueron 3.31 veces más propensos a reportar inseguridad alimentaria que sus pares sin EMG.
Tres de los 16 estudios informaron que les participantes que enfrentaban inseguridad alimentaria tenían una mayor probabilidad de desarrollar una enfermedad mental severa (SMI, por sus siglas en inglés). Esto es evidencia de que la inseguridad alimentaria podría llevar al desarrollo de SMI, en lugar de que la SMI conduzca a la inseguridad alimentaria. Les autores señalan que esto podría deberse a que el estrés y la ansiedad causados por la inseguridad alimentaria agravan los síntomas de salud mental.
Un estudio incluido en el análisis informó que les participantes diagnosticados con psicosis tenían menos probabilidades de consumir suficientes frutas y vegetales diariamente. En ese estudio, el 86.9% de los participantes con psicosis no consumía suficientes vegetales y el 70.6% no consumía suficiente fruta. Otra investigación encontró que los participantes diagnosticados con SMI y que experimentaban inseguridad alimentaria tenían significativamente menos probabilidades de consumir frutas (0.42 veces menos), vegetales (0.39 veces menos) y alimentos ricos en proteínas (0.45 veces menos) al menos una vez al día.
Un estudio informó que les participantes que experimentaban inseguridad alimentaria tenían significativamente menos apoyo social. Dos estudios reportaron que los participantes con inseguridad alimentaria tenían más probabilidades de ser fumadores. Un estudio señaló que los participantes con inseguridad alimentaria tenían menos probabilidades de participar en actividad física moderada a vigorosa.
Les autores reconocen varias limitaciones en el presente trabajo. Los estudios incluidos utilizaron múltiples herramientas para medir la inseguridad alimentaria y los diagnósticos de SMI, lo que limita la fiabilidad de los datos. Ninguna de las herramientas utilizadas para medir la inseguridad alimentaria ha sido validada en un contexto de salud mental con personas diagnosticadas con SMI. Algunos de los estudios incluidos mostraron hallazgos significativamente diferentes, lo que reduce la validez de los cálculos de razones de probabilidades y tamaños del efecto en esta revisión. Además, hubo una falta de estudios cualitativos en la investigación actual.
Les autores recomiendan desarrollar una herramienta confiable para medir la inseguridad alimentaria en entornos de salud mental. Los profesionales de la salud deben priorizar la evaluación de la inseguridad alimentaria y ayudar a personas usuarias de los servicios a acceder a alimentos cuando sea necesario. Escriben:
“Es fundamental que los profesionales de la salud mental sean conscientes de la inseguridad alimentaria y brinden apoyo a las personas con SMI para que puedan acceder a una alimentación suficiente que satisfaga sus necesidades dietéticas, nutricionales y sociales. Se requiere una herramienta validada para evaluar la inseguridad alimentaria en entornos de salud mental, con el fin de ayudar a los profesionales y a los investigadores en el área de la salud mental.”
Investigaciones previas han vinculado la inseguridad alimentaria con el malestar psicológico y la seguridad alimentaria con un mayor bienestar. Estudios realizados en diversas partes del mundo han reportado una asociación entre la inseguridad alimentaria y una mala salud mental. Un estudio señala que el vínculo entre la inseguridad alimentaria y la mala salud mental es especialmente fuerte en personas con altos niveles de estrés, personas que experimentan aislamiento social y mujeres.
****
Smith, J., Stevens, H., Lake, A. A., Teasdale, S., & Giles, E. L. (2024). Food insecurity in adults with severe mental illness: A systematic review with meta-analysis. Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing, 31, 133–151. https://doi.org/10.1111/jpm.12969

Richard Sears teaches psychology at West Georgia Technical College and is studying to receive a PhD in consciousness and society from the University of West Georgia. He has previously worked in crisis stabilization units as an intake assessor and crisis line operator. His current research interests include the delineation between institutions and the individuals that make them up, dehumanization and its relationship to exaltation, and natural substitutes for potentially harmful psychopharmacological interventions.