Una nueva investigación examina los riesgos de confiar excesivamente en los medicamentos psiquiátricos para sostener el bienestar emocional, dejando sin abordar cuestiones más amplias.
Escrito por Jenny Logan para Mad in Brasil.
La psiquiatría enmarca las experiencias emocionales inusuales o extremas como disfunciones internas, y no como respuestas a factores sociales y ambientales complejos. Trabajos recientes han argumentado que esto perpetúa una forma de “injusticia afectiva” que promueve el estigma; mientras que varios académicos han sostenido que este proceso de enmarcar —también conocido como psiquiatrización— puede tener una serie de consecuencias negativas en las esferas social, política e individual, afectando la manera en que nos comprendemos a nosotres mismes y a les demás.
Ahora, un estudio que será publicado por Zoey Lavallee argumenta que la psiquiatrización también afecta nuestro “andamiaje afectivo”, es decir, las diferentes maneras en que las personas se relacionan, utilizan o modifican sus entornos para moldear activamente sus emociones, estados de ánimo u otros fenómenos afectivos.
“El andamiaje afectivo”, escribe Lavallee, “se refiere a la variedad de formas en que nos relacionamos o estructuramos el entorno para alterar nuestras vidas afectivas —para mejorar, suprimir, regular o inducir emociones, o transformar de otro modo la afectividad”.
“Los medicamentos psiquiátricos son diseñados, comercializados y recetados como tecnologías que poseen el poder especial de transformar la vida afectiva al intervenir en las supuestas bases patológicas de la angustia y el sufrimiento, cambiando la manera en que nos sentimos”, escribe Lavallee. “La psiquiatrización influye en los andamios afectivos al inclinar a las personas hacia el uso de medicamentos psiquiátricos para gestionar un abanico creciente de experiencias afectivas”.

Aunque la autora sugiere que este impacto no siempre es negativo, el “mal andamiaje farmacéutico” ocurre cuando nuestra inclinación hacia los psicofármacos genera una dependencia excesiva de ellos.
Según Lavallee, esta confianza excesiva se da cuando:
(1) al menos algunos de los principales determinantes de esas experiencias afectivas son propiedades del entorno de la persona, en lugar de propiedades internas de la persona en sentido estricto, y
(2) el andamiaje farmacéutico elimina la necesidad o reemplaza otras opciones no farmacológicas que atenderían mejor las necesidades e intereses afectivos de la persona.
Dejando de lado las preguntas sobre la suposición de la autora de que existe una distinción clara entre lo que cuenta como “propiedades del entorno” y “propiedades internas de la persona” (teóricas feministas materialistas como Donna Haraway y Karen Barad han señalado que, más que una distinción rígida, existe una dinámica de interdependencia y entrelazamiento mutuo entre la persona y su entorno), la intervención de Lavallee cuestiona nuestra orientación hacia la psiquiatría al ubicar adecuadamente a los medicamentos psiquiátricos dentro de un continuo de agentes afectivos:
“Ya sea al beber cafeína para mejorar el ánimo por la mañana, tomar una copa de vino después del trabajo para aliviar el estrés, o tomar un ansiolítico recetado a diario para controlar la ansiedad, toda una gama de sustancias que encajan en la etiqueta de ‘drogas psicoactivas’ puede actuar como recursos para gestionar la afectividad de manera estratégica y habitual”.
La autora considera muchos usos de estas drogas como formas de andamiaje beneficioso y reconoce que consumimos sustancias psicoactivas —prescritas o no— “porque cumplen funciones valiosas, por ejemplo, responder al sufrimiento real, angustia emocional, perturbación o dolor”.
Sin embargo, es posible observar cómo la opción farmacológica puede no estar siempre alineada con las necesidades e intereses de una persona, dada la realidad de los efectos secundarios persistentes, la sobremedicación, un sector plagado de corrupción y ensayos clínicos científicamente cuestionables. Cuando el uso de medicamentos da lugar a un mal andamiaje afectivo, argumenta Lavallee, este reemplaza otras opciones terapéuticas o apoyos ambientales, dejando sin resolver los problemas sociales y estructurales más amplios que podrían haber llevado a una persona a depender de las drogas como forma de andamiaje afectivo desde el principio.
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Lavallee, Z. (2025). There’s a Pill for That: Bad Pharmaceutical Scaffolding and Psychiatrization [Andaime farmacêutico ruim e psiquiatrização]. Topoi. (Link)