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Dra. Stephanie Mendoza: Ejercer Psicología Desde Lo Descolonial, Lo Feminista Y Lo Humano

Entrevista por Laura López-Aybar

Hace dos meses tuve el placer de entrevistar a la Dra. Stephanie Mendoza a quien conocí durante mi año de internado clínico. En esta entrevista, Stephanie nos comparte como lleva y encuerpa la práctica de la terapia enfocada en la persona y en los derehcos humanos.

La Dra. Stephanie Mendoza es psicóloga clínica licenciada, nacida y criada en Los Ángeles, California, en una familia inmigrante mexicana. Desde el 2010 reside en Puerto Rico, donde obtuvo un doctorado en psicología clínica de la Universidad Carlos Albizu, San Juan y completó su residencia postdoctoral en salud mental de la mujer en el VA Caribbean Healthcare System. En 2024 fundó su práctica virtual, Quirón Psychology, donde ofrece servicios de psicoterapia individual y de pareja a residentes de Puerto Rico y Texas.

Su trabajo clínico responde críticamente a los efectos de sistemas que patologizan el dolor humano sin considerar el peso del trauma relacional, la violencia estructural, las condiciones coloniales y las exigencias del capitalismo. Acompaña principalmente a mujeres profesionales o en formación que cargan historias de migración, duelo, exigencia familiar, desconexión emocional y silencios intergeneracionales. Trabaja desde un enfoque integrativo que incorpora lo somático, lo relacional, lo político y lo espiritual, con el objetivo de construir espacios terapéuticos más humanos, accesibles y reparadores.

En su tiempo libre disfruta cocinar platos tradicionales mexicanos, viajar, leer, pasar tiempo en la naturaleza, y dedicar tiempo a voluntariados para rescate de perros. 

Laura: ¿Cuál es tu filosofía en cuanto a trabajar con otras personas? ¿Qué alternativas tú propones a los paradigmas carcelarios, como el diagnóstico o la hospitalización psiquiátrica?

Dra. Stephanie Mendoza: Pues yo trato de partir, desde una visión descolonial, feminista, holística, con enfoque en reducción de daños, tratando de implementar la autonomía de las personas que veo. Creo que el cuidado psicológico debe responder a los contextos históricos, sociales y políticos de cada persona, no solo a los síntomas que presentan, sino también cómo estos contextos han influido en las dificultades que expresan.

Intento, o sea, creo que he desarrollado un sentido de consciencia de que yo misma soy multicultural. Vengo de Estados Unidos, criada allá, pero de familia mexicana, y ahora estoy viviendo en Puerto Rico. Creo que eso me ha hecho ver cómo muchas veces se etiqueta como patología lo que en realidad son respuestas humanas a un mundo profundamente injusto —dependiendo de la persona—. Cosas que han aprendido para sobrevivir, que han sido convenientes para otras personas.

Desde una mirada feminista, no necesariamente les pido que se regulen para encajar en espacios que las violentan. Intento acompañarlas a crear un espacio interno donde su voz tenga prioridad, donde podamos trabajar en conjunto para establecer esa autonomía que deseamos entender, crear o recrear —si es que en algún momento la tuvieron.

Trabajo desde una ética del cuidado que respeta la agencia de las personas que veo. Rechazo muchos de esos enfoques que buscan corregir a la persona sin necesariamente entender su contexto. 

También rechazo la criminalización de personas que viven con trauma, adicción, pobreza o neurodivergencia, porque sé que muchas veces estas vivencias impactan profundamente su vida y su forma de responder al mundo. No creo que sea cuestión de “arreglar” a nadie, sino más bien de crear consciencia sobre lo que está ocurriendo, recrear un sentido de empatía —de la persona hacia sí misma— y empezar a cuestionar los sistemas que le han hecho daño, muchas veces desde la vida temprana.

No sé si eso responde la pregunta, pero creo que mayormente va por ahí.

Laura: Creo que me diste un montón de información. Te quería preguntar: ¿cómo tú pones esto en práctica? Porque sé que la pregunta fue sobre tu filosofía, entonces, ¿cómo lo implementas con las personas con las que trabajas en terapia?

Dra. Stephanie Mendoza: Sí, pues siempre parto desde la transparencia. Siento que, aunque un diagnóstico puede dar un cierto “cierre” o entendimiento a la persona —como decir “tengo estas dificultades”—, también puede usarse como una herramienta para pensar “hay algo malo conmigo”, o “yo soy la culpable de tener estos síntomas o este diagnóstico”.

Así que yo tengo esa comunicación y les menciono: “Sí, presentas estos síntomas, pero verdaderamente los veo más como adaptaciones, no como deficiencias”. Valido esas respuestas emocionales que muchas veces han tenido que desarrollar y que están conectadas a sus vivencias, a sus experiencias. Y como dije, a final de cuentas, les ha permitido llegar al punto de su vida donde están. Esos patrones fueron creados para adaptarse a lo que el entorno exigía.

Trato de integrar eso. Tengo cuidado con el lenguaje que utilizo. Muchas veces no uso la palabra “síntomas”, sino que hablo de tendencias, patrones o formas de respuesta, para tratar de despatologizar lo que están presentando.

Como dije, mucha de esa transparencia también parte de integrarme yo misma. Muchas veces, en redes sociales, se habla de la terapia como un espejo. Y sí, a veces lo utilizo como tal, pero también me integro a la conversación como ser humana, como psicóloga. Les dejo saber: “Yo también soy humana. Yo también padezco ciertas cosas. Hay patrones que también se me hacen difíciles de romper”.

Parto desde ese punto de empatía: somos todos humanos. Y, aunque sé que desde el comienzo existe esa dinámica de poder —por yo ser la proveedora, la doctora—, les dejo saber: “Me puedes llamar como tú quieras, con respeto: doctora, Stephanie, como se te haga más fácil, como tú te sientas cómode”.

Pero también les menciono que a mí me gusta trabajar en colaboración. A final de cuentas, elles conocen mejor su vida, sus razones, lo que les funciona y lo que no, mejor que yo. Yo les veo una vez por semana, máximo. Elles están consigo mismes todo el tiempo.

Así que les digo: “Yo estoy aquí para ayudarte a encontrar las respuestas que tú necesitas. No soy quien para decirte: esta es la forma en que debes vivir tu vida”.

Y eso lo establezco desde el inicio, y lo traigo también a terapia. Me traigo a mí misma: “Mira, lo que me estás mencionando me hace sentir de esta forma”, para ayudarles a conectar con la emoción que estén sintiendo, porque muchas veces hay una desconexión entre el cuerpo y las emociones. Pero también para que vean que yo también soy humana, que estoy presente, y que mis experiencias también moldean la forma en que estoy en sesión.

Como mencioné: mucha transparencia, comunicación, algo de soft disclosure (autorevelación parcial), dependiendo de la situación o la circunstancia. Creo que todo eso ayuda a despatologizar y trabajar desde una forma descolonial. También integro aspectos políticos que puedan estar impactando, porque sabemos que la pobreza, las adicciones, las historias de trauma, impactan cómo las personas responden a su entorno.

Y también soy transparente sobre lo que me pide el seguro médico, sobre lo que tengo que hacer como psicóloga para que la persona reciba servicios. Les digo: “Voy a hacer eso, pero a la vez, cuando estoy contigo, lo voy a ignorar. Porque lo que me importa es que tú estés bien contigo misme, y que podamos trabajar lo que estás presentando, más allá de un diagnóstico o de la patología en sí”.

Laura: Eso mismo que tú me estás diciendo, de que los vas a separar, es algo que escucho mucho de personas que trabajan de forma humanizada. Y lo que escucho de personas que usan mucho el diagnóstico es como que: “Es que el plan médico me obliga a ponerle un diagnóstico a la persona”, como si no fueran elles mismes quienes tienen el poder de decidir eso. ¡Es mind-blowing para mí!

Dra. Stephanie Mendoza: Exacto. Y creo que dentro de eso… Yo tengo ciertos clientes a quienes no les asigno diagnóstico, a menos que mencionen: “Ah, tengo historial de tal cosa”, y entonces lo integro en el plan de tratamiento como parte de su historia clínica.

Pero sí, siento esas manos atadas. Porque si no le asigno un diagnóstico, no puedo seguir viendo a esa persona. Y eso me frustra. ¿Me estás diciendo que, si una persona no tiene un diagnóstico, no tiene derecho a servicios de salud mental?

O sea, tal vez yo no me asignaría un diagnóstico como tal, pero aún así me beneficiaría de tener con quién dialogar, con quién tener estas conversaciones importantes. Pero los seguros no ven eso como algo beneficioso, aunque pueda ser preventivo de un diagnóstico o de algo más grave en el futuro. Se siente mal tener que hacerlo, pero si no lo hago, no puedo trabajar contigo.

Laura: Sí, es bien frustrante. Y te iba a decir, no sé si has visto estos reels que estoy viendo en Instagram… Son como personajes: “mi 9am” es una persona a la que se le murió su bebé, “mi 10am” está en transición de high school a college, “mi 11am” es toda esta variabilidad… Y entonces, ¿tienes que diagnosticar a todas estas personas que simplemente están viviendo?

Dra. Stephanie Mendoza: ¡Exacto! Claro que esta persona va a tener síntomas de depresión, ¡acaba de perder a su bebé! ¿Por qué tengo que diagnosticarla? Esto es algo normal.

Laura: Te quería preguntar —porque mientras hablabas se me ocurrieron varias preguntas, como te había dicho— sobre las medidas de reducción de daño. Me mencionaste que usas ese enfoque y el enfoque descolonial. ¿Qué medidas de reducción de daño tú implementas cuando una persona está en crisis emocional o presentando alta angustia? ¿Qué haces tú? ¿Y si no te ha tocado aún, cómo crees que lo manejarías si te toca ahora? O también puedes hablar de cómo lo manejaste antes, en ambientes más carcelarios, como esos espacios donde no se podía hacer mucho porque teníamos las manos atadas como estudiantes…

Dra. Stephanie Mendoza: Sí, pues por una parte, como mencionaste, ahora en mi práctica privada no me ha tocado aún un cliente en crisis —afortunadamente—, pero sí me ocurrió en otros contextos como estudiante.

Y particularmente al inicio, se sentía bien overwhelming tener que implementar ciertas medidas carcelarias para trabajar con una persona. No podías ni hablar con alguien sin que te dijeran: “¡Eso no se puede!”.

Tal vez me hubiese gustado poder tener una conversación más allá de: “¿Te quieres hacer daño?”, y explorar: ¿Cómo se ve ese daño? ¿Qué es lo que quieres hacer? ¿Por qué? Explorar esas ideaciones. Porque, siendo honestas, ¿quién no ha pensado en el suicidio en algún momento de su vida? No significa que lo vayamos a hacer. Muchas veces dialogamos internamente sobre la muerte, sobre lo que representa.

Pero inmediatamente, tener pensamientos de muerte o suicidio se patologiza, y eso me parece preocupante. Pensar en la muerte puede ser normal. La pregunta es: ¿qué significa para esa persona?

Entonces, en reducción de daño, una parte importante es tener esa conversación con la persona. Evaluar su contexto: ¿dónde está ubicada? ¿Qué tanto apoyo tiene? ¿Qué redes le están sosteniendo? ¿Tiene comunidad, familia, personas que puedan mitigar su situación?

Conectarla con recursos. En mi experiencia, la mayoría de personas en crisis son personas que han perdido su empleo, han pasado por rupturas dolorosas, o la muerte de un ser querido. Y eso… ¿cómo yo voy a patologizar eso y decir: “Mereces estar en un hospital psiquiátrico solo por pensar en tu muerte”?

Prefiero tener esa conversación. Conectarle con recursos: si perdió su trabajo, si no tiene vivienda, si está pasando por una situación crítica… ir más allá del “vamos a medicarte y llevarte al hospital”.

Porque muchas veces, el personal que trabaja en esos hospitales no considera el contexto. Solo se enfocan en: “¿Tiene alucinaciones?”, “¿Tiene ideas suicidas?” —y deciden: “Vamos a vigilarle 24/7”. Pero eso le quita autonomía a la persona.

Y yo pienso: hay personas que están atravesando situaciones tan fuertes que decirles: “Tú no tienes derecho a ejercer autonomía sobre ti misme” es violentísimo. Se vuelve difícil decir: “No pienses en eso, la vida es maravillosa”, cuando lo que están enfrentando es un infierno.

Vigilar a alguien todo el tiempo no es la solución. Creo que debería ser algo basado en comunidad. Pero en nuestro sistema capitalista, carcelario y policial, esas comunidades son cada vez más difíciles de encontrar. Cada persona está en lo suyo. El individualismo, la falta de conexión con vecinos y gente alrededor no crea ese sentido de comunidad, que es tan necesario para lidiar con estas crisis.

Porque enfrentar algo tan fuerte a solas es muy diferente a decir: “Tengo una red. Sé que me van a sostener, pase lo que pase”. Eso puede hacer una diferencia enorme en la sanación.

Claro, suena idealista. Sé que en algunos contextos se está intentando, pero todavía falta mucho trabajo para llegar a eso.

Laura: Lo que iba a decir es eso: que siento que la psiquiatría se alimenta mucho de esta sociedad en la que vivimos ahora. Porque lo que hacen es aislarte: de momento estás encerrade, aislade, sin comunidad, sin contacto con nadie. Y entonces toda la responsabilidad cae sobre ti: tranquilízate, entrégate, no te quieras matar… Eso es algo que escucho mucho —y también lo viví—. Y la verdad es que no hay terapia en las hospitalizaciones tampoco. Ves a tu psiquiatra una vez, tal vez en diez días. Y ya.

Dra. Stephanie Mendoza: Sí. Y… la última vez que me tocó manejar una situación así, traté de hacerlo para evitar una ruptura con la persona, porque también creo que eso se genera. Las personas piensan que uno —como terapeuta— está ahí para ayudarles, pero de repente les envías al hospital, y ya no confían más.

Yo era estudiante. Como dije, tenía las manos atadas. Era hacer esto, o no podía seguir atendiéndole. Y me sentía horrible. Así que traté de tener una conversación con esa persona para mitigar cualquier ruptura.

Afortunadamente, en esa ocasión, funcionó. La persona regresó. Pero lo que me dijo fue: “Me sentí horrible. Ya me sentía mal, y entonces llegar al hospital, ver a todas esas otras personas descompensadas, medicadas… solo me confirmaba en mi mente que estoy loca. Porque si no, no estaría aquí, rodeada de otras personas que están así, atadas, sedadas…”

Y lo que me dijo fue: “Si hay una próxima vez, no se lo voy a decir a nadie. Me lo voy a guardar. Me voy a asegurar de que funcione, porque no quiero pasar por eso otra vez”.

Laura: Sí. Y hay investigaciones que demuestran que el riesgo de suicidio aumenta después de la hospitalización psiquiátrica. Pero eso no nos lo dicen en nuestros grad programs. Al menos en mi entrenamiento en Puerto Rico no lo decían. Ya cuando me fui a Nueva York fue más psicodinámico. Pero aquí en Puerto Rico todo era biomédico: “Tienes un desbalance químico que hay que arreglar”. Y luego una se da cuenta de que ese desbalance químico está desmitificado. Que eso no se ha probado. Que no hay evidencia clara.

Dra. Stephanie Mendoza: Exacto. Y te confieso que al principio, mientras estudiaba, yo misma tenía esa desconexión con cómo me visualizaba como psicóloga. Porque mi deseo de ayudar no venía desde un lugar de querer medicar a alguien o ingresarle en un hospital psiquiátrico. Yo quería, dentro de su contexto, crear un espacio de empatía, de insight, de reflexión, para poder trabajar con lo que estaban atravesando.

Pero no sentía esa conexión en los estudios. Me enseñaban: “Si hay un desbalance químico, se medica”. Y punto.

Y fue ahí donde comenzó esa desconexión con cómo yo quería ejercer como psicóloga, y cómo eso se veía en el entrenamiento que estaba recibiendo. Entonces empecé a hacer otras lecturas, a buscar otros recursos fuera del currículo académico. Porque sinceramente, durante la universidad, no tenía ni tiempo ni espacio mental para leer más psicología aparte. No tenía el headspace. Quería desconectarme por completo. Quería ver reality shows, algo que no tuviera que pensar. Nada que ver con psicología.

No fue hasta que terminé la universidad que, sin esa presión de los exámenes y lecturas obligatorias, tuve espacio para hacer research por mi cuenta, ver otros métodos. Y ahí fue que empecé a leer a Gabor Maté, enfoques descoloniales, y cómo eso se puede integrar a la práctica clínica.

También me di cuenta de cómo la universidad —además de lo académico— nos impone esquemas y valores: cómo debe comportarse una psicóloga, cómo debe vestirse, cómo debe hablar. No puedes tener tatuajes, piercings, pelo teñido… como si tu humanidad tuviera que esconderse para poder ser terapeuta.

Recuerdo que en segundo año, una profesora dijo algo como: “Tienes que tener cuidado desde que sales de tu casa, porque un cliente podría verte”. Y yo pensaba: “¿Entonces no puedo ni ir a la playa en traje de baño? ¿Qué pasa si me ven?”. Pero, ¿no tengo derecho a vivir mi vida también?

Y esa presión… eso también es violencia simbólica. Imagínate imponerle eso a une cliente. No puedes ni ser tú misme porque “¿qué van a pensar?”. ¡Van a pensar que estoy disfrutando de la playa! Y si eso genera algo, pues entonces tenemos una conversación: “¿Qué te hizo sentir verme en la playa?”. Vamos a hablarlo.

Yo también soy humana.

Laura: ¿Cómo tú practicas el activismo en la psicología? Te lo pregunto porque escuchamos mucho que hay pushback de colegas hacia personas que tienen ideas más compasivas, basadas en derechos humanos, en la autonomía, en la agencia… pero también estamos súper conscientes de todas las inequidades sociales que existen, de los contextos políticos. Entonces, ¿cómo participas tú en actividades desde esa conciencia?

Dra. Stephanie Mendoza: Dentro de los espacios de terapia, generalmente hago estos acercamientos desde el respeto, pero sin miedo. Lo hago igual, porque creo que es necesario. Fuera de los espacios de terapia, tengo conversaciones con colegas sobre lo que está ocurriendo.Todavía lo estoy navegando porque, o sea… también soy fairly new, como psicóloga licenciada. Estoy early career, estoy fresh out of college. No llevo ni un año con la licencia.

Así que aún estoy buscando formas de navegarlo que sean cómodas para mí y que me permitan sentir conexión con el activismo, con cómo lo quiero expresar. Por ahora, donde me he sentido cómoda es haciéndolo en mis stories en Instagram. Sí he hablado. No es que lo esconda. Pero trato de hacerlo de una forma útil.

Como digo, estoy explorando antes de tirarme all in, porque da miedo. Porque eso también puede impactar mi habilidad de seguir trabajando. Creo que trato de navegarlo de una forma más sutil, pero con el deseo de hacerlo más abiertamente a medida que tenga más experiencia y estabilidad.

Veo otras cuentas que admiro —colegas que llevan tiempo en el campo— que están hablando abiertamente, por ejemplo, sobre la guerra en Gaza, sobre injusticias políticas. Y pienso: estas personas ya tienen su base de clientes, tienen reconocimiento, y pueden tener ese tipo de visibilidad sin las mismas consecuencias que yo podría enfrentar ahora.

Yo apenas estoy empezando. Todavía no siento ese poder. Aunque sé que en otras áreas lo tengo, no lo siento al nivel necesario para hablar tan explícitamente. Pero, en el intermedio, sí hablo.

Hablo sobre el harm que existe en las políticas públicas, particularmente en Estados Unidos y en Puerto Rico. Cómo esos contextos políticos también impactan la presentación de cada persona y su salud mental. La crisis con LUMA, los partidos políticos en Puerto Rico, todo eso influye en el bienestar psicológico, aunque se niegue.

Y creo que es necesario que las personas tengan ese conocimiento. No están “locas” por sentirse desesperadas cuando se va la luz, o cuando hay un huracán. Todo eso deja una huella en el cuerpo, en cómo respondemos. No es “raro” ni patológico sentir ansiedad o angustia por eso. No tienes “generational trauma” solo porque estás ansiosa todo el tiempo. Es que se fue la luz, tuviste que botar toda la compra, los huevos están a nueve pesos la docena, y los perdiste todos porque se dañaron.

Eso no es un diagnóstico. Eso es el sistema fallándote una y otra vez. No hay un sentido de seguridad en el espacio en que vivimos. Y desafortunadamente, es porque no lo hay.

Laura: Eso me da curiosidad, porque ahora estoy viendo algo que me pasó cuando trabajaba en clínica, pero siento que se ha empeorado con las redes sociales: el self-diagnosing. La gente se autodiagnostica todo el tiempo. ¿Cómo lo estás manejando?

Dra. Stephanie Mendoza: Sí, he tenido clientes que me dicen: “Mira, yo creo que tengo TDAH” o “yo creo que tengo esto”. Y entonces yo exploro: “¿Qué significa para ti tener eso?”. Porque muchas veces son experiencias no validadas: “Me cuesta concentrarme”, “Se me hace difícil organizarme”…

Y eso se perpetúa en redes sociales. El social media impacta nuestra habilidad para concentrarnos, para recibir input sin sobrecarga. Y luego te dicen: “No, no es culpa tuya. Es que tienes TDAH”.

Pero esos mismos espacios son los que perpetúan la dificultad para concentrarse, porque estamos constantemente consumiendo más y más contenido. Entonces hablo con les clientes sobre eso, sobre reducir un poco ese consumo, si es posible. Y si no, reconocerlo: “Ok, tenemos una relación adictiva con las redes, porque nos desconectan del entorno, porque estamos ansioses, porque sentimos que tenemos que ser productives todo el tiempo…”

Y el scrolling te da una gratificación instantánea. Entonces contextualizo eso. Les digo: “Todo esto puede ser cierto. Estás trabajando más de ocho horas, llegas a tu casa y tienes que cuidar de tus hijes, cocinar, conectar con tu pareja, con tu familia… ¿En qué momento apagas el cerebro?”

Eso no significa que tienes TDAH. Significa que estás agotade. Que estás sobrecargade. Que no tienes espacios de descanso. Y no es lo mismo.

Laura: Tengo una última pregunta. ¿Qué críticas has recibido por parte de tus colegas?

Dra. Stephanie Mendoza: Afortunadamente, hasta ahora, con colegas no he tenido mucha resistencia. También porque estoy trabajando de forma independiente, y mucha gente no sabe necesariamente lo que estoy haciendo o diciendo. No tengo muchas relaciones con colegas fuera de personas que piensan de forma bastante similar a mí. Así que, por ahora, he sido afortunada.

Pero sí he recibido comentarios de personas a mi alrededor —familiares, amistades— que me dicen: “Tienes que tener cuidado con la forma en que hablas”. Porque, por ejemplo, si llega alguien que no comparte tu perspectiva, puede sentirse incómodo o incómoda.

Y ahí es donde yo digo: si no tengo la capacidad o la disposición para trabajar con esa persona sin hacerle más daño que bien, entonces no debo hacerlo. Para su beneficio, no trabajaré con esa persona.  Es una cuestión de competencia. Y reconozco que no tengo la competencia para atender a todas las personas. Afortunadamente, tengo la autonomía para decidir con quién trabajo y con quién no.

Sí he notado que hay una expectativa de que, por ser psicóloga, debo ser capaz de regular mis emociones perfectamente y trabajar con todo el mundo. Y no es así.

Precisamente por ser psicóloga, reconozco mis propios biases. Y sé que no puedo trabajar con ciertas personas, como por ejemplo, con alguien que abiertamente apoya discursos que violan derechos humanos. Si llega alguien así, no se lo voy a decir directamente, pero sí diré: “Por lo que me estás presentando, no creo que tengamos un buen fit. Voy a referirte con otra persona”.

Eso no es solo por mí, sino también por la persona que viene a recibir el servicio. Es lo más responsable. Eso es lo ético. Para mí y para la persona.

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